|
UNA
NUEVA ENCRUCIJADA
DISCURSO EN EL 79 ANIVERSARIO DEL PS
SENADOR CAMILO ESCALONA M.
PRESIDENTE DEL SENADO
21 DE ABRIL DE 2012
Compañeras y
compañeros:
Es una feliz coincidencia que ustedes se encuentren acá, en este
Salón de Honor del Congreso Nacional. Me puedo considerar su anfitrión.
Es la primera asamblea política luego de su restauración
producto del ya no tan reciente, pero igualmente desolador, terremoto que
sufrió nuestro país.
Así es que esta hermosa sala los recibe con gusto, rememorando
un acontecimiento que aquí mismo tuvo lugar, hace 42 años, como se recordaba en
el video, cuando de acuerdo con la Constitución democrática de nuestra República, en
el mes de noviembre de 1970 se contaron aquí los votos de la sesión del
Congreso Pleno, constituida por el Senado y la Cámara de Diputados, para
dirimir cuál de las dos primeras mayorías de la elección presidencial de 1970
iba a ocupar la
Presidencia de la República.
En ese recuento de votos se escucha la voz de Tomás Pablo,
presidente del Senado de entonces, y se proclama, en este mismo Salón,
Presidente de Chile a Salvador Allende.
Quisiera, por ese motivo, solicitar de ustedes un homenaje. Yo
lo siento profundamente, con una persona que se encuentra en esta Sala, que
fuera colaborador de Allende, ministro de su Gobierno, un luchador socialista
de toda la vida, que creo es un reflejo de lo que nosotros somos, una vida
dedicada a la causa popular, sin aspavientos, con mesura, sobriedad,
austeridad, modestia y que no ha reclamado para sí honores que no le
corresponden. Pero que siento que es un socialista de los mejores. Quisiera que
aplaudiéramos al compañero Hernán Del Canto Riquelme.
Ustedes saben que con Hernán no hemos participado de la misma
tendencia interna, que mucha veces en
los avatares de nuestra vida partidaria hemos tenido distintas
opiniones. Pero creo que su condición de Ministro Secretario General de
Gobierno del Presidente Allende, ministro del Interior del Presidente Allende,
Secretario General de la CUT
a fines de los '60, reconstructor de nuestro partido con el retorno a la
democracia, lo hacen profundamente merecedor de este reconocimiento.
Compañeras y compañeros:
Quisiera manifestarles que siento que la política vive ahora un
momento muy importante, muy especial. Estamos nuevamente en una encrucijada. La
sociedad reclama una mejor acción de la política.
Los movimientos sociales exigen respuesta a sus demandas y lo
más importante que ha pasado es que hay miles de personas que quieren ser
escuchadas y que quieren participar. Nosotros tenemos que hacer un gran
esfuerzo por comprender profundamente ese mensaje, porque a veces no se está
comprendiendo bien ese mensaje.
La gente quiere la renovación de la política, no la destrucción
de la política.
Las personas reclaman que nosotros seamos capaces de estar a la
altura de un nuevo desafío histórico, no que nos consumamos en el canibalismo
político.
Siento que aún no hay, de verdad, una comprensión cabal de la
exigencia que hacen hacia la política millones de personas, porque no se debe
despreciar a la gente, no se debe menospreciar a las personas.
La gente puede criticar a la política, pero sabe que es
irreemplazable. La gente quiere un nuevo Estado que sea capaz de responder a la
demanda ciudadana. Un Estado protector que se haga cargo de lo que no se ha
hecho o de lo que no fuimos capaces de hacer.
Los ciudadanos saben perfectamente que ese Estado necesita de la
política.
No se puede concebir un nuevo Estado sin política.
Y cuando se hace todo lo posible por destruir la política, yo
creo que estamos haciendo un diagnóstico profundamente equivocado.
Permítanme que me haga cargo -no era la intención de este
saludo- pero se ha distribuido en esta sala un panfleto que pone en duda mi
honra y mi dignidad, pidiendo que el Tribunal Supremo del Partido Socialista
investigue el uso de los
recursos de las devoluciones de los bienes que nos fueron confiscados por la
dictadura y que fueron devueltos los años 1999, 2000, 2001 y 2002.
Se pone en duda mi honra y la del compañero Ricardo Núñez,
también la del compañero Gonzalo Martner.
Debo decir que no hay partido político alguno que haya hecho lo
que el Partido Socialista hizo: depositó en un organismo autónomo de la
directiva, de la dirección del partido, el total de esos recursos.
Ha habido, incluso, artículos en los medios de comunicación que
son nuestros adversarios, en los que esto se informa.
La
Conferencia Nacional de
Organización del partido recibió un informe detallado de dónde estaban todos y
cada uno de los recursos que el partido había recibido. Se hizo un ejercicio de
horas entregando esa información.
En el penúltimo Congreso del partido, en Panimávida, a propuesta
de quien habla, se sorteó dentro de los delegados, no por designación política
ni por correlación de fuerzas, se sorteó una comisión que revisó el conjunto de
los antecedentes, de las cuentas, de los depósitos y de los instrumentos
financieros en que están los recursos del partido.
Debo decir que esa comisión trabajó no solamente los días del
Congreso, que fueron tres. Esa comisión trabajó durante semanas, en la sede del
partido, en la calle París, revisando todos y cada uno de los antecedentes que
indican con exacta precisión en qué fueron utilizados todos y cada uno de los
recursos que ingresaron al partido por la devolución de los bienes confiscados
por la dictadura.
En consecuencia, compañeros y compañeras, yo no puedo aceptar
que se busque enlodar y ensuciar procedimientos que no hay fuerza política
alguna que en nuestro país se haya puesto en esta tarea y que enorgullecen al
Partido Socialista.
Toco este punto y me detengo en él, porque es precisamente aquí
donde está la confusión. Hay personas que piensan que destruyendo a las fuerzas
políticas se va a responder a las demandas ciudadanas. Hay personas que piensan
que el adversario son las instituciones democráticas. Profundísimo y grave
error, compañeros y compañeras.
¿Qué van a hacer las demandas ciudadanas si nosotros, en lugar
de fortalecer y robustecer la acción del Estado, por la vía de la
profundización democrática, buscamos el colapso, el debilitamiento y el
derrumbe de la democracia que hemos reconstruido?
Es cierto que tiene imperfecciones. La correlación de fuerzas no
nos ha posibilitado llevar adelante todas las iniciativas que pensábamos llevar
adelante. No cabe ninguna duda en que la manera en que fue reemplazada la
dictadura tuvo sus puntos negros y blancos.
Por cierto, nos enorgullecemos que hubiera un tránsito pacífico,
que a un régimen tan feroz lo derrotáramos con un lápiz y desplazáramos a esa
odiosa dictadura sin un enfrentamiento civil doloroso. Ya suficiente dolor
teníamos con nuestras víctimas, ya había corrido suficiente sangre como para
que todavía el retorno a la democracia costara más dolor a nuestro pueblo.
Es cierto. Fue un gran hecho histórico, estudiado en el mundo
entero: la derrota política de
la dictadura y el restablecimiento pacífico de la democracia.
Pero, lógico, las cosas no son perfectas. Ese desplazamiento
determinó que no se derrumbó toda la institucionalidad que Pinochet había
instalado en el país. Y ha sido un proceso larguísimo, por momentos
interminable, el de lograr hacer un lado los enclaves autoritarios que han
limitado el ejercicio democrático durante ya dos décadas.
Esas son las condiciones históricas. Yo nunca he olvidado las
lecciones en las charlas de educación política cuando nuestro Carlos Lorca era
secretario general de nuestra Juventud. Nosotros nos orientamos por el análisis
concreto de la situación concreta. No he olvidado el materialismo histórico y
el acento que ponía Carlos Lorca cuando asumió la secretaría de la Juventud Socialista,
el año 1970-1971 y lo primero que dijo fue "para saber lo que vamos a hacer
tenemos que pensar y estudiar". Y la primera orientación que entregó a la
dirección de la
Juventud Socialista fue que todos leyeran el balance político
semanal que hacía "El Mercurio", para que todos supieran qué hacer, sobre la
base también de conocer lo que pensaban y hacían nuestros adversarios.
Analizar el momento histórico, con sus lados fuertes y débiles,
conocer profundamente la evolución del país. No hacer retórica, no abusar de
las palabras, no generar falsas expectativas. No jugar con el destino del
pueblo, en definitiva.
Afortunadamente, hoy América Latina viene de vuelta. El Estado
que se construyó a mediados del siglo pasado, el Estado de desarrollo hacia
adentro, del "proteccionismo" como le llaman despectivamente los teóricos
neo-liberales, el Estado que buscó generar una base productiva propia, sobre la
cual cada país fuera capaz de desarrollarse, ese modelo tuvo limitaciones,
efectivamente, las tuvo en nuestro país, por algo Salvador Allende lo quería
transformar y reemplazar en un nuevo Estado.
Sin embargo, ese tipo de Estado causaba la profunda molestia de
los círculos ultra-liberales, de los centros rectores del capitalismo mundial
que utilizaron las dictaduras para demoler ese Estado y apropiarse de nuestros
recursos y de nuestras riquezas básicas.
Esa ola contra-revolucionaria que despilfarró y dilapidó
nuestros recursos nacionales llegó, incluso, más allá de las dictaduras, se
proyectó, incluso, en los gobiernos civiles.
No es casual que en Argentina, por ejemplo, el gobierno de
Carlos Saúl Menem fuera el que privatizó la -hoy en el centro de la
controversia- YPF. No es casual que hoy, el propio Carlos Menem esté de vuelta
y diga que está bien recuperar la
YPF para el pueblo argentino y para la nación argentina.
Las dictaduras fueron el instrumento para deshacer los Estados
nacionales de América del Sur. No había auto-determinación, no fue la soberanía
nacional, fueron dictaduras feroces y fueron imposiciones más allá de las
dictaduras, las democracias que todavía eran frágiles, que no se habían logrado
consolidar, las que impusieron un determinado estado de cosas en el continente.
Y hoy América Latina está de vuelta y reclama, efectivamente, un
nuevo lugar en el mundo y tiene todo el derecho el continente a plantear la
recuperación de nuestras riquezas básicas. Tenemos todo el derecho a ser
propietarios de lo que nos pertenece y a tener una cooperación como países,
como continente, en este nuevo escenario global.
Pero, para eso, compañeras y compañeros, debemos tener un
sistema político fuerte. No nos podemos consumir en la mezquindad de lo
subalterno, en lo pequeño. ¿Cómo vamos a poder tener las mayorías ciudadanas
necesarias para enfrentar esta nueva encrucijada si estamos subsumidos en lo
minúsculo?
No puedo aceptar que estemos, de alguna manera, errando de tal
forma el sentido de nuestra orientación. Hay un nuevo escenario con amplísima
posibilidades y debemos construir una gran alternativa programática para llevar
adelante, desde el Gobierno de la
Nación.
Porque podemos volver a dirigir los destinos del país. Pero eso
sí tiene una condición: superarnos a nosotros mismos.
El adversario no ha sido capaz de cumplir con lo que prometió.
Ni el censo es capaz de hacer bien el Gobierno de la derecha. La Salud Pública, la Educación, las políticas
de Vivienda...
Los genios de la tecnocracia neo-liberal no hallan qué hacer con
el Gobierno del país.
Nosotros podemos darle una dirección al Gobierno de la Nación, en la dirección de
un Estado Protector, como la sociedad está reclamando.
Pero miremos en esa dirección. Miremos adelante, no nos miremos
la punta de los pies. Seamos capaces de estar a la altura de este nuevo y
complejo escenario.
El Partido Socialista ha desarrollado una vocación para tener
las mayorías que se requieren para llevar adelante el cambio que el país
reclama. En mi opinión, no puede abandonar esa vocación.
No vamos a transformar la sociedad con un grupo de escogidos ni
de iluminados. Se podrá transformar si es que tenemos el apoyo
mayoritario. Así el partido
sabrá revalidar la vocación de poder con la cual ya tiene 79 años de vida, de
lucha y de historia.
Muchas gracias. |