spacer
spacer  

Portal del Socialismo
Portal del Socialismo chileno

 
spacer
Portal
Portada
Partido Socialista
Textos históricos
Entrevistas
Opiniones
Documentos
Clase Obrera
Other Menu
La Historia del PS
Administración
Login Form
Username

Password

Remember me
Password Reminder
No account yet? Create one
Syndicate
 

MENSAJE A 40 AÑOS DEL TRIUNFO POPULAR
Written by Camilo Escalona Medina   
06-09-2010 a las 16:15:36
Hace cuarenta años Chile cambió su rumbo histórico. Salvador Allende representando los sueños de un mundo mejor de las grandes mayorías fue elegido Presidente de la República. Su gobierno de mil días fue la expresión de los anhelos más profundos de justicia social.

Los grupos conservadores y el fascismo se cruzaron en su camino; orquestaron el boicot a la economía y el golpismo en las Fuerzas Armadas. Finalmente impusieron una dictadura terrorista que arrasó con las conquistas sociales, los derechos de las personas y el régimen democrático.

Los socialistas fuimos protagonistas de tan contrapuestas páginas de nuestra historia y logramos sobrevivir recuperando la democracia para Chile. Allende ingresó a la historia patria y del mundo.

En las últimas décadas ocurrieron transformaciones insospechadas en el mundo global, en Chile la Concertación entregó estabilidad democrática y progreso social, con Michelle Bachelet el socialismo chileno tuvo una vez más, un integrante de sus filas en la conducción del país. Su gobierno configuró un sistema de protección social para entregar dignidad a todas las familias chilenas, mantuvo una elevada inversión pública y evitó que Chile se sumergiera en una crisis interna producto del impacto de la crisis mundial de los años 2008 – 2009, por ello, hoy su gobierno es reconocido como uno de los mejores de nuestra historia e incluso para muchos, lisa y llanamente, el mejor. El prestigio nacional y la popularidad del gobierno de Bachelet se logró por su auténtico compromiso con el país; sus autoridades trabajaron para Chile y no para la buena, pero efímera, fama de la figura presidencial

Con su gobierno el P.S mantuvo una lealtad inalterable, determinante para su buen desarrollo

A pesar que esa conducta significó incomprensiones, especialmente de aquellos que se autodefinieron como díscolos, me enorgullece el haber tenido la responsabilidad de ser presidente del P.S. en tales circunstancias. En ningún momento nos desentendimos de las obligaciones que nos correspondían como partido de gobierno. Rechazamos la demagogia y las promesas fáciles que nunca se cumplen. Cumplimos con la ética profunda del quehacer político, aquella que sintetiza las convicciones con la responsabilidad. Fuimos leales con nuestros ideales y nuestros caídos al entregarle a Chile más justicia social y más desarrollo, sin apartarnos ni un milímetro de la responsabilidad de gobernar, sino que apoyándonos en la condición de partido en el gobierno en función del interés mayoritario del país. Quienes quieren contraponer las convicciones a la responsabilidad tratan de levantar un falso dilema. La lealtad en la tarea de respaldar a Bachelet fortaleció y amplía el escenario para llevar a cabo en la realidad política nuestros sueños de una sociedad más justa.

Sin embargo, la desunión se entronizó en nuestras filas, la deslealtad dejó de ser condenada éticamente y muchos se abandonaron a sus prácticas, llevando abundante agua al molino de la derecha. El PS defendió con todos los medios legítimos a su alcance la continuidad de la Concertación; sin embargo, gracias a que no pocos olvidaron lo que significa la derecha en el poder, en las últimas elecciones presidenciales se impuso la candidatura del dinero y la codicia.

Ahora, una vez más nos debemos reconstituir como alternativa de país. Estoy seguro que lo lograremos, saliendo al paso del ultrapersonalismo del gobierno de la derecha, de su populismo narcisista, de su exacerbado centralismo, que margina a las regiones y desconoce la diversidad del país.

Con Allende en la memoria resistiremos nuevamente. Para asegurar ese propósito debemos derrotar el divisionismo y el afán de actuar por el sólo afán del interés personal. Para derrotar a la derecha debemos desalojar la deslealtad de nuestras prácticas y del modo de hacer política. Hay que actuar por el país y no por la parcela individual o el acomodamiento fácil y oportunista.

Del gobierno popular de Salvador Allende queda como lección que siempre debemos construir las mayorías sociales y políticas necesarias para asegurar el progresivo desarrollo de un Estado Social y Democrático de Derecho que evite el retroceso al pasado y conjure cualquier aventura golpista.

Cuando hoy Chile entero recuerda con respeto y cariño a Allende y los suyos, reafirmemos con orgullo la lealtad socialista.

Senador,
Camilo Escalona Medina
Ex Pdte. Partido Socialista de Chile

Puerto Montt, 4 septiembre 2010
Saludo de Ignacio Wallker en homenaje a Allende
Written by Ignacio Walker   
06-09-2010 a las 16:13:53

Saludo del Presidente del Partido Demócrata Cristiano, senador Ignacio Walker, en el homenaje a Salvador Allende

Estimadas amigas y amigos, Fundadores y Directores de la Fundación Salvador Allende, estimados compañeros y compañeras del Partido Socialista.

Es para mí un honor y un privilegio entregar el saludo fraterno de la Democracia Cristiana y el mío propio en la conmemoración de los 40 años del triunfo del Presidente Allende.

Aun cuando era casi un niño, pertenezco a una generación para la cual la noche del 4 de septiembre de 1970 no es un relato contado sino un recuerdo vivido.

Recuerdo la sorpresa de un niño que siente hervir la ciudad, con la certeza de que el mundo había cambiado para todos, y tal vez para siempre. Recuerdo haber seguido en la televisión la visita de Radomiro Tomic al recién electo presidente Salvador Allende en su casa en Guardia Vieja y la transmisión de sus palabras esa noche desde la plaza de la Constitución. Posiblemente fue la primera vez que escuché la voz en directo del Presidente Allende, como con emoción escuché sus últimas palabras, un martes temprano, tres años después.

Si el primero fue su momento más glorioso, el segundo fue su momento más heroico y, por qué no decirlo, más trágico, para él, para su gobierno y para Chile.

Allende fue un demócrata, qué duda cabe, como lo avalan sus 33 años de vida parlamentaria, primero como diputado y luego como senador, al servicio de las luchas del pueblo chileno en favor de la justicia, acorde con la dignidad de las personas y de los trabajadores.

Nuestro juicio sobre el gobieno de la Unidad Popular no ha cambiado: fuimos opositores de principio a fin. Sin embargo, no dudo en resaltar aquello que considero más valioso de dicho gobierno: la figura del Presidente Allende, quién obtuviera un triunfo electoral limpio y democrático el 4 de Septiembre de 1970. Es esa la fecha que conmemoramos hoy, una fecha de hondo contenido republicano.

El PDC compartía con Salvador Allende muchos de sus ideales, principalmente la urgente necesidad de introducir reformas estructurales al interior de un sistema excluyente que marginaba a vastos sectores de la sociedad, especialmente de los pobres urbanos y del campesinado. De hecho. nuestros programas de gobierno del año 70 tenían muchas coincidencias.

¿Qué fue entonces lo que nos pasó que, en el lapso de unos pocos años, llegamos a encontramos en posiciones antagónicas y aparentemente irrenconciliables, en trincheras opuestas, en medio de una lógica más propia de la guerra que de la política?

A decir verdad, la pregunta correcta, por no decir profética, la pronunció desde el Senado, en 1953, otro gran dirigente socialista, tan ilustre ciudadano como intelectual, Eugenio González, quién se preguntaba: "¿Existe algún obstáculo insalvable para que los partidos de avanzada social, afines en sus concepciones económicas, coincidentes en sus principios libertarios, similares en sus métodos políticos, representativos, en su conjunto, de la inmensa mayoría nacional, encuentren las bases positivas de una acción solidaria en el Parlamento y en el Gobierno?"

¿Qué llevó a "los partidos de avanzada social", como el socialista y el demócrata cristiano, a bifurcar sus caminos, hasta culminar en la tragedia del quiebre democrático y del golpe de estado de 1973?

La respuesta pareciera estar, por un lado, en el contexto mismo en que Eugenio González se formulaba esa pregunta: los rigores y la lógica implacable de una Guerra Fría que nos condujo a posturas antagónicas, especialmente a partir de la revolución cubana, en torno a aquél fatídico dilema de "reforma o revolución" que caracterizó a la política latinoamericana en la década de 1960 y comienzos de la década de 1970. Chile no solo no escapó a dicho dilema sino que se constituyó en un verdadero laboratorio social donde diversos experimentos ideológicos, de signo totalizante y excluyente, fueron llevados a la práctica. Ninguno de nosotros, ni de nuestros partidos, deja de tener algún grado de responsabilidad en esos procesos, tan llenos de ideología como carentes de realidad.

Por otro lado, estaba un sistema político que premiaba la elección de un gobierno de minoría, como el caso de Jorge Alessandri, en 1958, y el del propio Salvador Allende, en 1970, impidiendo la conformación de grandes coaliciones mayoritarias. Lo anterior se dio en el marco de ese "empate catastrófico" sobre el que escribió Tomás Moulián algunos años después, de un sistema partidista fuertemente polarizado, y de un sistema electoral de tendencia centrífuga.

Hubo, sin embargo, un tercer factor, acaso más gravitante que los dos anteriores, como fue el deterioro de las grandes tradiciones republicanas y, muy particularmente, la pérdida de la amistad cívica que debe imperar en una república democrática.

¿Cómo medir, cuantificar, o evaluar, los costos que tuvo para nuestro país, y particularmente para los sectores populares, por la ruptura de la amistad entre Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva, los más altos representantes de las luchas populares y democráticas en pos de la justicia social?

La buena noticia es que pareciéramos haber aprendido la lección: la reconstitución de nuestras fuerzas políticas, en nuestra historia más reciente, en torno a lo que no dudo en llamar como la coalición política más exitosa de la historia de Chile, la Concertación de Partidos por la Democracia, tiene mucho que ver con la reconstitución de la amistad cívica. De ello dieron cuenta el encuentro fructífero de un Gabriel Valdés con un Ricardo Núñez o un Ricardo Lagos, a comienzos de la década de 1980, y de un Patricio Aylwin y Clodomiro Almeyda, a fines de esa década, y la de muchos de nosotros que aquí nos encontramos, hoy reunidos, y que fuimos convergiendo en las luchas en favor de los derechos humanos, generalmente al amparo de esa Iglesia profética del Cardenal Silva Henríquez que llegó a ser "la voz de los que no tienen voz" y que creó las bases espirituales del reencuentro entre los chilenos.

Lo que no se logró con la voz profética del Cardenal Silva, en 1973, bajo el gobierno de la Unidad Popular ("matemos el odio antes que el oido mate a Chile"), sí se logró con la sentencia imperativa de Juan Pablo II, en su visita a nuestro país, en 1987, al recordarnos que "Chile tiene vocación de entendimiento y no de confontación".

Los que estamos hoy, aquí reunidos, hemos sido testigos y protagonistas del proyecto histórico que hemos encarnado en torno a la Concertación de Partidos por la Democracia. Lo hemos hecho a partir de las fecundas lecciones que condujeron, a la postre, a la elección de dos demócrata cristianos (Aylwin y Frei) y dos socialistas (Lagos y Bachelet), retomando lo mejor de nuestra historia republicana y de las luchas sociales y políticas del pueblo chileno.

Nosotros los demócrata cristianos provenimos de un republicanismo cristiano, ustedes, nuestros amigos socialistas, de un republicanismo laico. Juntos, somos "la continuidad histórica de Chile", como lo proclamó Eduardo Frei Montalva en el Teatro Caupolicán, en 1980, cuando recién levantábamos el vuelo para construir "Una Patria Para Todos" (Jaime Castillo V.).

Este es tal vez el mejor homenaje póstumo que hayamos podido tributar a los mejores de entre nosotros: Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva.

Esa es la memoria que conmemoramos hoy en torno a ese histórico 4 de Septiembre de 1970; lo hacemos, una vez más, en el mes de la patria, en este caso, en el año del bicentenario.

Lo hacemos también, por qué no decirlo, en una perspectiva de futuro, de renovación y de cambio, al margen de toda nostalgia, porque, como dijera Bernardo Leighton, "recuerden ustedes que los proyectos deben ser siempre más que los recuerdos".

Cuando la democracia y el pueblo chilenos pudimos al fin dar digna sepultura al Presidente Allende, con los honores que le correspondían y que la república le debía en un día como hoy, en un 4 de septiembre de hace exactamente 20 años, el Presidente Aylwin terminó sus palabras con las mismas que quisiera terminar hoy: "Estoy cierto que si Salvador Allende estuviera entre nosotros, nos acompañaría en nuestro empeño de aunar esfuerzos para construir juntos una patria de hermanos, libre, justa y solidaria"

Muchas gracias.

Me gusta pensar en Salvador Allende
Written by Carolina Tohá / Presidenta del PPD   
06-09-2010 a las 16:11:54

Me gusta pensar que la Unidad Popular, cuyo triunfo en las elecciones presidenciales de 1970 recordamos hoy, fue una gran gran coalición, profundamente arraigada en la historia de nuestro pueblo y que encarnaba las esperanzas de décadas del movimiento obrero y popular chileno. Su virtud era que, además, no se limitaba solo a eso: era la expresión de una amplia cultura progresista que abarcaba a los intelectuales, a artistas, a las universidades, a los jóvenes de entonces y a vastos sectores de las clases medias. Su limitación es que no era suficientemente amplia: no alcanzaba para construir una mayoría.
Me gusta pensar en Allende cuando decía que la revolución chilena debía ser con empanadas y vino tinto, queriendo indicar que ésta debía realizarse de acuerdo con las tradiciones republicanas y democráticas de Chile. Después aprendimos que los cambios sociales, para ser de mayorías, además de las empanadas y el vino tinto, debían contener a la Virgen del Carmen entre sus emblemas. Y, al día de hoy, debiéramos decir que también debieran tener la bandera multicolor de los pueblos originarios.

El Partido por la Democracia es en gran parte hijo de esa reflexión y se siente, por ese motivo, heredero de Salvador Allende pese a haber nacido después de su muerte. En Allende siempre hemos tenido una inspiración y un ejemplo.

Me gusta pensar en Salvador Allende no tanto como el último presidente constitucional del Chile democrático previo al Golpe sino como el primer chileno que resistió a Pinochet, el que sentó de una vez y para siempre la fuerza moral de quienes habrían de resistir a la dictadura durante una larga noche. Allende gastó sus ultimas energías, sus últimas palabras no para defenderse, no para denostar a sus adversarios, sino para cargar la reserva moral de su pueblo, de sus ideas, y en los largos años de horror que vinieron después eso mantuvo viva a mucha gente, les dio esperanza y fortaleza.

Me gusta pensar que cuando Salvador Allende en su discurso final dijo "Pagaré con mi vida la defensa de principios que son caros a esta patria" estaba pensando en ofrecer un ejemplo de dignidad a las nuevas generaciones de chilenos. Al empuñar un fusil no estaba deshaciendo en un día lo que había sido la inspiración de su vida: la conjugación de las aspiraciones de igualdad con la libertad, la construcción del socialismo con las armas de la democracia. Con ese fusil Allende no cambió de camino sino que quiso simbolizar su misión de Presidente que defendió la democracia hasta el último, con su vida, en un enfrentamiento perdido de antemano en el lenguaje de las armas, pero ganado al final en el idioma de los principios republicanos.

Me gusta pensar que estamos aquí todos conmemorando ese día que a algunos de los presentes nos dividió, a nosotros o a nuestros padres, pero hoy lo entendemos de un modo distinto. Ese 4 de septiembre fue posible porque en la sociedad chilena de entonces hubo sueños de justicia y de igualdad que construyeron entre muchos, por décadas, con persistencia, con altos y bajos, sueños que avanzaron y llegaron mas allá de nuestras capacidades políticas de la época y terminaron levantando fantasmas y temores que se transformaron en odio y muerte. Esos sueños dividieron y enemistaron a sectores políticos y ciudadanos que en una gran medida los compartían. De esas heridas y desencuentros nos supimos sobreponer y, en gran parte, si ha existido un entendimiento de centro izquierda durante los últimos 20 años ha sido gracias a que aprendimos esa lección.

Me gusta pensar también por estos días, en las incomprensiones y dificultades que enfrentó Salvado Allende para llegar a ser el líder que fue y para darle forma a ese proyecto ambicioso y único que fue la Vía Chilena al Socialismo. En estos tiempos de la inmediatez, del exitismo, del individualismo, Allende nos recuerda que también hay que saber construir para después, machacar y esperar, que no siempre se puede ganar, que a veces hay que perder para ganar después y que los grandes políticos no son solamente los que brillan en el éxito sino los que saben parase después de las derrotas.

Me gusta ver las fotos de esa época, los rostros de alegría, de esperanza inocente, cuando todo parecía posible, cuando los chilenos más humildes pensaban que habían tomado la historia en sus manos y que todo iba a cambiar, todo iba a salir bien, como en las películas. Se que ustedes están pensando que no salió todo bien, vino mucho sufrimiento y fue tanto lo que perdimos, no sólo lo que no logramos alcanzar durante la Unidad Popular, sino lo que ya habíamos logrado y nos fue arrebatado: la democracia, los derechos sociales, los derechos humanos¿ la organización popular. Y es verdad que así fue. Pero es verdad también que un pueblo que ha podido soñar guarda una ambición en su identidad, una especie de faro que le da sentido a la historia, y que obliga a no caer en el puro pragmatismo, la ironía y el cálculo. Cuando uno vez los rostros de esa época es imposible no conmoverse, no cuestionarse y tratar de ir más allá.

También me gusta pensar algo que es duro de asumir pero que es también estimulante: hace años que venimos pensando que la Unidad Popular ya es historia, que la dictadura militar quedó atrás, pero la verdad es que la transición y nuestros 20 años de gobiernos concertacionistas son historia también y tenemos que empezar a mirarlos como tal. Y a pensar en la nueva historia que queremos hacer ahora, la nueva Concertación y la nueva mayoría que debemos construir.

Si alguna vez pudimos reponernos de esa debacle que fue el Golpe de Estado y a todo lo que vino después, tendremos que poder nomás enfrentar este momento y empezar de nuevo, mirar hacia adelante y volver a pensar qué queremos para Chile y cómo lo vamos a hacer.

Allende ya no está, la Unidad Popular tampoco, Estados Unidos, el gran Estados Unidos, está presidido por un hombre negro, y un gobierno de derecha dirige las labores para rescatar a 33 trabajadores desde el fondo de una mina, en medio de los twets de alegria de moros y cristianos. No hay miedo, no hay muertos, solo la pura y simple democracia. El Bicentenario nos pilla en medio de estas sorpresas, pero también en un año de terremotos, debates sobre la tributación minera, accidentes laborales y mapuche en hulega de hambre. Ha cambiado Chile, infinitamente, tenemos que mirarlo de nuevo, pero sigue siendo Chile, profundamente Chile, con sus temas y sus historias de siempre: el cobre, los terremotos, los mineros, los indígenas, las desigualdades.

Recordar el 4 de septiembre es especial este año, me gusta hacerlo más que nunca, porque vemos la historia avanzar, vemos cómo nuestras ideas y la gente que representamos ha ido dejando su huella, hemos pasado momentos de gloria y de desgracia, hemos recibido aplausos y palos, honores y humillaciones, pero al final, las ideas que representamos están bien paradas en la historia de Chile y nuestra labor, ahora, es que levanten una luz en el horizonte, una nueva promesa para nuestro país, para el futuro, para los chilenos de hoy y los de mañana.

<< Start < Previous 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Next > End >>

spacer
secciones
Salvador Allende
Karl Marx
Teoría
Región Exterior
Declaraciones
Noticias
Agenda
En línea
We have 18 guests online

 

Mambo is Free Software released under the GNU/GPL License.
spacer