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BERTHA ZUNO ARCE
Written by COMUNAL MEXICO   
13-08-2009 a las 15:20:59

PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE
COMUNAL MEXICO

Con profundo dolor comunicamos el fallecimiento de nuestra entrañable amiga

Cra. BERTHA ZUNO ARCE

conciencia y mano hermana que abrió su corazon y su vida a los exiliados chilenos a su llegada a México, sacrificando su tranquilidad para abrir los brazos,
desde el 20 de septiembre de 1973, a todo chileno -sin distinciones- y entregarnos las llaves de la que sería nuestra patria adoptiva.

Desde el primer día Bertha nos ofreció la ternura de su confianza
mostrándonos al México real, el México que muy rapidamente  se constituyó en nuestro hogar.

Jamás olvidaremos su voz cantando nuestras canciones, su mensaje de aliento,
su inconfundible figura cruzando los pasillos de la unidad de Sur 89 en Iztapalapa,
como tampoco este ejemplo único de compromiso y amistad.

Sabemos que en Chile, todos aquellos que sintieron la calidez del Anahuac, son hermanos de nuestra congoja.

Hacemos llegar a sus hijos, a su familia  y don Luis nuestras más sentidas condolencias.

Chiquis está siendo velada en  Gacía Lopez de Av. San Jeronimo 140. San Angel.  Capilla 7
y será despedida por todos sus hermanos chilenos a partir de las 15 horas de hoy jueves.
Será cremada a las 17:00 hora de México.

 
Last Updated ( 14-08-2009 a las 00:32:02 )
"La de Frei es una candidatura por descarte que va cuesta abajo"
Written by Fuente :La Segunda Online   
13-08-2009 a las 01:36:40


El senador independiente, Carlos Ominami, sentenció que la candidatura de Eduardo Frei se decidió por descarte demostrando el fracaso del proceso interno de primarias y que por lo mismo “va cuesta abajo”, haciendo ver que será Marco Enríquez-Ominami quien pasará a la segunda vuelta presidencial.

“Una candidatura no puede ser por descarte, Frei debió haberse sometido a una primaria abierta... pero lo que hizo fue una antiprimaria. Ahí está el vicio de origen en la candidatura de Frei. Hoy, claramente la Concertación, dejó de ser lo que fue y está con un altísimo riesgo… no llegarán ala segunda vuelta”, dijo el senador en entrevista con Radio Agricultura.

En este mismo sentido, criticó la campaña del senador DC haciendo ver el pesimismo existente y el riesgo que tienen de llegar a una segunda vuelta en las elecciones de diciembre próximo.

“La candidatura de Frei no logra despegar, no logra implantar ideas nuevas… es muy poco lo que podría hacer. Viene muy cuesta abajo... Frei fue muy valiente al decir yo soy candidato y quedar frente a las otras opciones, como Lagos, Insulza y otros”, dijo Ominami.

Por lo mismo, el parlamentario apuntó que la candidatura de su hijo, Marco Enríquez-Ominami, es la que genera mayores ánimos y la que ganará en primera vuelta.

“Marco es hoy quien encarna de lejos la campaña que genera ánimos, que está recreando la energía, el ambiente, el entusiasmo.. Y con muy pocos recursos. En este plano Marco está en muy buenas condiciones para enfrentar a Piñera y derrotarlo. Si hay alguien que puede ganarle a Piñera es Marco”, hizo ver Ominami.

El legislador se refirió además a las críticas que ha recibido la campaña del candidato presidencial de la Concertación Eduardo Frei, por parte de sus propios miembros del comando, afirmando que indica que ha terminado “controlado por sus propios dirigentes”.

Esto luego de la ofensiva de partidos como el PPD y PRSD, que criticaron el manejo de la campaña de Frei, y que obligó al senador DC a dar una serie de instrucciones para intentar contener el descontento.

Ante esto, Ominami afirmó que “Frei ha terminado finalmente controlado por dirigentes partidarios que están más preocupados de sus cupos parlamentarios que de la elección presidencial… esa es la verdad”.

Agregando que “hay partidos que están sacando sus cuentas y dicen… vamos a hacer lo que podamos en una elección presidencial que está media perdida por este y lado y buscan mejorar sus cupos parlamentarios… yo lo lamento por Eduardo Frei”.

Haciendo además un análisis del momento por el que pasa el conglomerado oficialista, Carlos Ominami sostuvo que “tengo la legitimidad y trayectoria para hablar de cómo se ha ido desgastando la Concertación. Hay fatiga de material y agotamiento sobre la forma de mejorar a Chile. No logra presentar una propuesta sustantiva….no tiene ideas imaginativas y tampoco ha sido capaz de terminar con las desigualdades”.

“Esta coalición que fue una gran coalición… ha ido perdiendo fuerza, impulso y no ha sido capaz de reproyectarse. Por eso se requiere una nueva mayoría. La Concertación que conocimos a principios de los 90 está terminando de una manera un poco triste con una campaña que no despega, que pierde el rumbo", hizo ver el senador ex PS.

Refiriéndose también al proceso de primarias que se dio al interior del conglomerado oficialista para elegir al candidato, opinó que “lo que se produjo fue una anormalidad en la elección del candidato. Fue una primaria con el mínimo proceso democrático y participativo. Nadie se enteró de ellas... no hubo debates… fue una primaria como el gol de oro”

La discusión tributaria
Written by Gonzalo D. Martner   
10-08-2009 a las 16:25:22

Como es usual en los procesos electorales, se discute sobre los tributos, pero con alguna frecuencia sin atenerse mucho a los hechos. Por ejemplo, ¿será cierto que no es bueno subir la carga tributaria porque "la actual correspondería al nivel de desarrollo de Chile"?. Es respetable que haya quienes no quieran aumentar la carga tributaria o quienes quieran disminuirla. Es parte del debate. Pero el hecho es que no hay ninguna relación causal mecánica entre desarrollo económico de un país y nivel de tributos.

Desde luego, los países desarrollados tienen cargas tributarias que van desde 27% del PIB (EE.UU., Japón) hasta más del 50% (Suecia, Dinamarca), mientras su PIB por habitante es relativamente similar. Por lo tanto, los niveles de tributación se explican más bien por las opciones de sociedad a propósito de más o menos bienes provistos por el Estado como educación, salud, pensiones, ayudas sociales, infraestructura, investigación, cobertura de riesgos y más o menos eficiencia en el gasto. En promedio, eso si, la carga tributaria total de los países de la OCDE ha
aumentado sustancialmente en los últimos 40 años, pasando de 26% del PIB en 1965 a 30% en 1975 y a 36% en 2005. Esto ha ocurrido no solo porque se han hecho más desarrollados sino que para hacerse más desarrollados.

En América Latina, países como Brasil y Argentina, con un PIB por habitante a paridad de poder de compra inferior al de Chile en 2009 (Chile: 14 461; Argentina: 14 188; Brasil: 10 154 dólares por habitante, según el FMI) tienen niveles de tributación bastante más altos que los de Chile (Chile: 18,6%; Argentina: 26,8% y Brasil: 33,4% del PIB). La relación entre estos tres países es la inversa de la que se menciona en estos días: mientras más bajo el PIB, más alta la carga tributaria, lo que viene a subrayar que este tipo de relaciones mecánicas más bien carece de sentido. En promedio en América Latina, los niveles de recaudación son relativamente bajos (17% del PIB en 2005), aunque crecientes, una vez concluida la ola neoliberal de los años 1980-1990. Sin emargo, también esta carga (incluyendo cotizaciones obligatorias) oscila en 2005 entre un 10% del PIB en Haití y un 33% del PIB en Brasil.

Por tanto el nivel de tributos en Chile (18,6% del PIB en 2008) no es el equivalente a tal o cual nivel de desarrollo, sino a la opción por tener un Estado aún poco desarrollado, aunque recordemos que la presión tributaria (sin cobre) fue llevada a fines de la dictadura a un nivel bajísimo (13,8% del PIB en 1990), que los sucesivos gobiernos democráticos la fueron aumentando (en promedio con Aylwin esta llegó a 15,6% del PIB, con Frei a 16,1% y con Lagos a 16,3%), mientras el actual gobierno la ha incrementado desde el 17.0% existente en 2006 al 18,6% del PIB registrado en 2008.

¿Qué se debe hacer si la opción es avanzar al desarrollo con más educación, salud, seguridad social y también más infraestructura y desarrollo tecnológico?. Probablemente, para no poner a nadie nervioso con metas que nos asemejen a los modelos europeos y sus Estados de bienestar (que sin embargo han probado ser hasta acá la mejor combinación entre eficiencia y equidad), o ni siquiera a la menos importante protección social de Estados Unidos, Chile debe avanzar a mediano plazo al menos a una tasa como la de Corea (25,5% del PIB), que es un país que gasta masivamente en educación y en nuevas tecnologías. Llegar a ser un país moderno simplemente no se puede hacer con el nivel actual de ingresos permanentes del Estado en Chile. Mantener el actual esfuerzo de gasto público y de tributación es mantener, a pesar de los avances, un sistema aún en ciernes de protección social e insuficientes esfuerzos de innovación productiva y desarrollo tecnológico. Es mantener el subdesarrollo.

Como se ve, la tributación está en el corazón del proceso político. En palabras de Oliver W. Colmes, puede considerarse que en las democracias contemporáneas “los impuestos son el precio a pagar por una sociedad civilizada”. El objetivo principal de la tributación es movilizar recursos para financiar el gasto estatal en bienes públicos, como la seguridad interna y externa, las infraestructuras y el conocimiento, y bienes privados que se quiere poner al alcance de la población más allá de la capacidad de compra determinada por el mercado. Otros objetivos modernos de la recaudación de impuestos son el control de externalidades ambientales negativas y la promoción de externalidades positivas territoriales o tecnológicas.

Un sistema tributario debe idealmente reunir las condiciones de suficiencia (es decir permitir financiar sobre una base estable y continua el gasto público al que está asociado), de simplicidad (es decir no presentar una multiplicación de impuestos de baja recaudación y alto costo de administración ni estar asociado a fines específicos que dificulten la flexibilidad de la asignación de gastos), de equidad (distribuirse con justicia entre los contribuyentes) y eficiencia (no distorsionar significativamente la actividad económica).

Una estructura tributaria óptima es la que maximiza los efectos recaudatorios buscados y minimiza sus costos de eficiencia. La tributación puede tener costos económicos negativos y provocar la llamada “pérdida irrecuperable de eficiencia”. Esta proviene de eventuales distorsiones en los incentivos de los productores (incitándolos a producir menos y disminuyendo el excedente del productor) y los consumidores (incitándolos a comprar menos y disminuyendo el excedente del consumidor), cuya magnitud dependerá de las elasticidades precio de la oferta y de la demanda de los bienes ante el establecimiento de impuestos, es decir de la magnitud del llamado “efecto sustitución”. El efecto de cualquier impuesto puede ser descompuesto entre un efecto ingreso y un efecto sustitución. Mientras mayor es el efecto sustitución provocado por los impuestos, mayor es la pérdida de eficiencia. Existe un efecto ingreso (las personas sustraen a sus ingresos los impuestos que han debido pagar) asociado a los impuestos de cuantía fija (es decir un impuesto que los individuos pagan independientemente de lo que hacen o de sus habilidades, de sus ingresos, su trabajo, su consumo o su ahorro), pero no un efecto sustitución. Por eso se entiende que el impuesto óptimo es el de cuantía fija per cápita, pues por construcción no puede “distorsionar” la asignación de recursos. El problema es que pagarían lo mismo muy ricos y muy pobres, contraviniendo el principio de equidad vertical. En el límite, personas muy pobres verían la totalidad de sus ingresos volatilizados por el impuesto.

Existe otro conjunto de impuestos que no sólo no dañan la asignación eficiente de los recursos sino que la incrementan, y que son más verosímiles de aplicar. Este es especialmente el caso de los impuestos correctores de externalidades negativas, que internalizan dichas externalidades, es decir transforman en costo privado el costo social en que incurren en sus actividades algunos entes privados. Los impuestos sobre actividades que provocan daño directo a la salud (tabaco, alcohol) o que son contaminantes y los que se aplican a la extracción de recursos naturales corresponden a esta categoría.

Como segundo mejor, se entiende que provocan pocas modificaciones en la conducta y pocos efectos de sustitución los impuestos indirectos, mientras los impuestos directos a los ingresos del capital y el trabajo serían distorsionadores y disminuirían la oferta de ahorro, la inversión y la oferta de trabajo. Se suele sobreestimar, sin embargo, estos efectos y postular que debido al efecto distorsionador que se atribuye genéricamente a los impuestos y a la mayor eficiencia relativa que tendría a todo evento el sector privado para el uso de recursos productivos, un país que posee un mayor nivel relativo de impuestos tendría un menor crecimiento económico. Mayores tasas tributarias afectarían negativamente la tasa de retorno de la inversión y sus niveles y, por esta vía, reducirían el crecimiento. Incluso algunos sostienen que la desigualdad económica es esencialmente benéfica al aumentar los incentivos de incremento de la productividad.

¿Cuan progresivo debe entonces ser el impuesto? La respuesta no es simple y dependerá de cómo modifica su conducta el contribuyente rico ante altas tasas de impuestos, qué financia el impuesto y cuanto se valora socialmente que una unidad de ingreso esté en manos de una familia de bajos ingresos o bien en manos de una familia de altos ingresos.

El principio de la igualdad distributiva tendría que transigir con el principio de la provisión de incentivos que aumentarían el volumen total de ingresos disponibles para ser redistribuidos. Por ello los enfoques de la progresividad tributaria óptima que se inspiran en el principio utilitarista ven el problema como un dilema entre los beneficios sociales de una distribución más igualitaria de los ingresos después de impuestos y el daño económico provocado por impuestos altamente progresivos.

¿Cuan importante es ese daño? Para los economistas liberales sería muy importante, lo que explica su recomendación recurrente y unívoca: el mejor Estado es el residual, que financia pocas actividades con pocos impuestos.Por su parte, Barry Bosworth y Gary Burtless, encontraron que las reducciones en las tasas marginales del impuesto coincidieron con un modesto incremento en la oferta de trabajo, pero concluyeron que la política tributaria probablemente no fue el factor dominante en el comportamiento de la oferta de trabajo. Así, la experiencia reciente en EE.UU. mostró que las tasas marginales del impuesto importan, pero no tanto como se suponía o en la dirección que se suponía por los promotores de las rebajas tributarias.

Pero sobre todo no debe olvidarse que el gasto público que incrementa el capital físico y humano y las transferencias que disminuyen las desigualdades de ingresos pueden tener efectos positivos sobre el crecimiento. Diversas mediciones revelan también que las variables institucionales y las regulaciones públicas (protecciones laborales, salario mínimo, centralización de negociaciones) no tienen el rol esencial que algunos les atribuyen respecto al nivel de desempleo en las economías mixtas desarrolladas.

Sin duda no todo gasto público se justifica ni todo impuesto está exento de efectos desincentivantes sobre la actividad económica. En palabras de Lindert, “según todas las apariencias, es a través de los gastos públicos escogidos y preservando, en los propios programas sociales, estímulos para el crecimiento, que los países en los que los gastos sociales son elevados han podido reducir su costo”. Cuando existen costos en eficiencia asignativa de la tributación, estos son en parte compensados por los incrementos eventuales en dicha eficiencia en la dinámica productiva de la empresa provocados por las externalidades positivas que financian. Cuando se trata de redistribuciones que no inciden directamente en la empresa, los costos de eficiencia asignativa son tanto menores como adecuados son los sistemas de recaudación tributaria para minimizar las distorsiones en los incentivos, así como capaces son las agencias públicas de prestar sus servicios al mínimo costo para el contribuyente.

Existe suficiente evidencia para afirmar que en materia de tributos y gastos en las economías industrializadas, las con mayor expansión en las últimas décadas son las que tienen tributos menos desincentivadores y más gastos públicos que contribuyen al crecimiento, especialmente en infraestructura y recursos humanos, y no los de Estados de menor peso en la economía. De acuerdo a Joel B. Slemrod y Jon Bakija, con datos de 1950 a 2002, el examen de la relación entre la tasa marginal del impuesto a la renta y la productividad (se supone en el enfoque neoliberal que reducir la tributación al ingreso incentiva la productividad) revela que los períodos de fuerte incremento de la productividad coexistieron con las tasas marginales superiores más altas en el impuesto a la renta en la posguerra y que, en promedio, los países de más altos impuestos son los más ricos.

La afirmación que los impuestos per se hieren el desempeño económico no tiene base empírica que la sustente. De nuevo en palabras de Peter Lindert:“Desde hace algunos años, ha habido una creciente brecha entre el registro empírico y una historia que es contada una y otra vez con insistencia creciente. No solo escuchamos que existe el peligro de que redes de seguridad y programas antipobreza basados en impuestos pueden tener altos costos económicos. Nótese cuan frecuentemente se nos dice que los economistas han ”demostrado” y “encontrado” que esto es cierto. Estas afirmaciones son frecuentemente un bluff (...). Antes que demostrar o encontrar este resultado, han escogido imaginarlo". Y el costo de ignorar la experiencia a favor de postulados de fe puede ser muy alto: déficit fiscal estructural, decaimiento de la infraestructura, inadecuada inversión en investigación, educación y salud. Y por tanto, en el largo plazo, menor crecimiento y menor bienestar, aunque en el corto plazo siempre sea más popular prometer rebajas de impuestos o mantener impuestos antes que plantear que más y mejores servicios sociales públicos requieren de más ingresos públicos.

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